La estrategia “de la granja a la mesa” presentada años atrás por la Comisión pretende garantizar un sistema alimentario, suficiente, justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente, a la vez que sufrague una renta neta racional a los agricultores, y  todo ello mediante rotación de cultivos para un uso eficiente de los recursos, prohibición de la utilización de pesticidas químicos y fertilizantes sintéticos, a la vez que se potenciaría la utilización de fertilizantes naturales, y  todo ello, con el objetivo de incrementar la producción agrícola ecológica en todo el territorio. Tal superficie, la de cultivo orgánico en la UE en la actualidad, supone algo menos del 10 por ciento del territorio total dedicado a agricultura, es decir, unos 16 millones de hectáreas.   

 

La UE tiene una superficie de 4 millones de km² (casi el 80 por ciento de esta superficie es zona rural, de las cuales el 50 por ciento es suelo agrícola, y el restante 30 forestal. La población es de 448 millones de habitantes y alcanzaría los 470 millones de personas el 1 de enero de 2050, lo que significa un aumento de 22 millones, en comparación con la actualidad. El 68 por ciento de la población de la UE vive en ciudades, tanto solo el restante 32 reside en zonas rurales. 

 

Del total de población activa que ostenta el planeta, el 25,65 por ciento realiza su actividad profesional en el sector agrícola, dicho porcentaje en la UE es del 3,6 por ciento, es decir, 10,5 millones de personas a tiempo completo, 6 por ciento del PIB y 15 millones de empresas. Se prevé que en 2050 menos del 2,5 por ciento de las personas activas desempeñen su actividad profesional en el campo, es decir 3 millones de personas menos que en la actualidad.  

 

Del total de agricultores de la UE, más del 40 por ciento tienen 65 años, o más, menos del 1 por ciento son menores de 25 años, o tienen esa edad. En el planeta la edad media de los agricultores es de 34 años. 

 

En la UE hay del orden de 10,5 millones de explotaciones agrarias, es decir, unas 173 mil hectáreas de terreno, casi un 40 por ciento del total de la superficie de la Unión, el 66 por ciento tienen menos de 5 hectáreas,  el tamaño medio de la explotación es de unas 15 hectáreas, comparativamente en Australia hay 87 mil agricultores, y la disposición de tierra agrícola es de 427 millones de hectáreas, es decir, de media cada agricultor australiano posee una explotación a su disposición de casi 5.500 hectáreas,  360 veces más que para una agricultor que desenvuelve su función en la UE, haciendo el mismo análisis para Estados Unidos, allí existen 2 millones de agricultores, y la tierra disponible de unos 370 millones de hectáreas, es decir, cada agricultor estadounidense posee unas  200 hectáreas de tierra cultivable, 13 veces más que un europeo, en Canadá haciendo la misma comparativa, tendríamos que cada agricultor dispone de explotaciones medias 22 veces de mayor tamaño que los europeos, es decir, de unas 332 hectáreas. 

 

En la UE la producción agraria es de 320 millones de toneladas de alimento, es decir unos 350 millones de euros, de los cuales exporta unos 160 millones de toneladas, del orden de 176 millones de euros (fundamentalmente a Estados Unidos, China, Suiza, Japón y Rusia, que representan el 40 por ciento de las exportaciones de la UE), sin embargo el valor de la importaciones es de 138 millones de toneladas, o lo que es igual, alrededor de 152 millones de euros, La UE importa tres tipos de mercancías: productos que no se producen aquí, o que solo se hace en pequeña medida, como las frutas tropicales, el café y las frutas frescas o secas, que representan el 25 por ciento de las importaciones; productos destinados a la alimentación animal, tales como tortas oleaginosas y soja, que representaron el 11 por ciento; y productos utilizados como ingredientes en procesos, como es el caso del aceite de palma, y los países fundamentales de origen de estos productos son Estados Unidos, Brasil, China, y Canadá, no obstante, la balanza comercial de la UE es positiva en 24 millones de euros, y la cantidad de alimento que queda dentro de nuestras fronteras es de casi 300 millones de toneladas, unos 330 millones de euros.  

No obstante, de este total de alimentos destinados a consumo interno, y de acuerdo con el informe “No Time to Waste”, se estima que la UE desperdicia 153,5 millones de toneladas de alimentos cada año. Es decir, casi el 50 por ciento de la producción de alimentos producida en el entorno, por un valor de unos 170 millones de euros.  

 

Con respecto a la productividad de la agricultura orgánica, aunque está muy cerca de la convencional, se podría decir, que de forma media esta suele ser, como mínimo, inferior en un 10 por ciento.

 

Con lo cual el entorno que se presenta para 2050 es un ámbito en el cual, seremos 22 millones más de europeos, en nuestras zonas rurales tan solo vivirán algo menos del 20 por ciento del total de la población, en la agricultura, de la población activa que para entonces exista, tan solo trabajaran en el campo el 2,5 por ciento, es decir, 3 millones de personas menos que durante el día de hoy, y no es fácil de prever, de los actuales agricultores mayores de 65 años que suponen el 40 por ciento del total en la actualidad, cuantos para entonces seguirán explotando el campo compitiendo con operadores de otros países con explotaciones que en tamaño superan a las propias entre 13 y 360 veces. 

 

De acuerdo con este entorno la agricultura ideal debería de ser innovadora, eficiente, mecanizada, y sostenible en términos de competitividad económica, reteniendo agricultores y trabajadores, condescendiente en la optimización de los recursos, sin excederse en su uso, y optimizando y cuidando el estado de los outputs, sin olvidar, un uso responsable de insumos y ser en el desempeño de tal actividad condescendiente con la biodiversidad. De ahí que el futuro de la agricultura pase por que esta sea, sosteniblemente rentable, innovadoramente sostenible, eficientemente sostenible, socialmente sostenible, biodiversamente sostenible, y sosteniblemente responsable, y para ello el primer paso es que sea productiva comparativamente con nuestro entorno global, garantizando la permanencia del agricultor.   

Juan Vilar

Analista oleícola internacional, consultor estratégico, profesor de la UJA, y agricultor