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Presentada la segunda fase de restauración de la Capilla Mayor de San Lorenzo en Úbeda

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La iglesia de San Lorenzo de Úbeda da un paso más en su proceso de renovación con la presentación del proyecto para la segunda fase de restauración de su Capilla Mayor. Esta nueva etapa, fruto de la colaboración entre la Fundación Huerta de San Antonio y la Fundación Caja Rural de Jaén, contempla la actuación en el muro frontal o testero plano, las pechinas, el escudo central de San Lorenzo y el singular conjunto de pinturas murales del siglo XX. Las restauradoras Sara Martín y Beatriz Rubio serán las encargadas de llevar a cabo esta intervención.

El gerente de la Fundación Caja Rural de Jaén, Luis Jesús García-Lomas, y el secretario de la Fundación Huerta de San Antonio, Antonio Berlanga, han dado a conocer los detalles de un proyecto que supone dar continuidad a un proceso que anteriormente ha actuado en la cúpula barroca y las vidrieras de la linterna, así como el precedente de la restauración de las pinturas mudéjares del alfarje realizada entre los años 2018 y 2022. “Es un gusto volver a firmar un nuevo convenio para la renovación de esta antigua parroquia, que la Fundación Huerta de San Antonio, con tanto cariño, trabaja por mejorarla cada día y por hacer de este espacio un centro cultural”, ha valorado García-Lomas.

Por su parte, Antonio Berlanga ha expresado su agradecimiento a la Fundación Caja Rural de Jaén “por mantener su confianza en nosotros para continuar avanzando en esta obra de recuperación de este edificio histórico”. Unas labores que “sin su colaboración sería imposible”, ha añadido Berlanga.

Estado de conservación y proceso de intervención

El estado de conservación actual del muro frontal evidencia las patologías propias del tiempo y de la falta de mantenimiento prolongada. Las filtraciones de agua desde la cubierta han generado manchas y escorrentías, mientras que las yeserías y morteros presentan fisuras y pérdidas de material. La acumulación de sucesivos encalados y la suciedad ambiental dificultan la correcta lectura del conjunto decorativo, aunque la estabilidad estructural se mantiene satisfactoriamente. Por ello, la intervención propuesta se regirá por los principios contemporáneos de restauración de mínima actuación, compatibilidad de materiales y reversibilidad, entendiendo el edificio como un organismo histórico vivo cuya autenticidad debe ser preservada. El muro frontal desempeñaba un papel central al albergar el desaparecido retablo mayor, conservando aún las hornacinas que permiten intuir el programa iconográfico original, mientras que las grandes pechinas que sostienen la cúpula exhiben una decoración vegetal abigarrada que servía de marco para antiguos lienzos de los evangelistas.

Los trabajos técnicos comenzarán con una fase de documentación exhaustiva mediante fotogrametría, planimetría y catas estratigráficas para identificar la secuencia exacta de acabados. La limpieza de las superficies se realizará de forma gradual con métodos mecánicos y físico-químicos controlados, procediendo posteriormente a la consolidación de los soportes y las yeserías ornamentales. Un aspecto singular del proyecto será el tratamiento de las pinturas murales contemporáneas, las cuales serán objeto de un estudio individualizado para proceder, en casos específicos, a su arranque selectivo mediante las técnicas de strappo o stacco. Esta estrategia técnica permitirá estabilizar y montar estas obras del siglo XX sobre soportes inertes, haciendo compatible la conservación de este testimonio documental del templo con la recuperación formal del presbiterio barroco.

Durante el siglo XX, ante la pérdida de uso litúrgico y un prolongado periodo de abandono, el edificio fue utilizado como almacén, refugio y estudio artístico. En esta etapa, discípulos del escultor Palma Burgos realizaron una serie de pinturas murales que combinan la iconografía religiosa con elementos de la vida cotidiana. Entre estos restos se encuentran bocetos de la Virgen María, el Santo Rostro y crucificados, junto a representaciones de clavos y coronas de espinas. Destacan de igual manera elementos profanos como el escudo del Atlético de Madrid, los retratos del ebanista Ramón Cuadra y de Salomé Borrego, o los trampantojos del pintor Marcelo Góngora, que incluyen botellas de vino, morcillas y reproducciones de billetes de 500 y 1.000 pesetas.

Esta segunda fase de intervención permitirá consolidar materialmente el presbiterio y recuperar la lectura espacial de la Capilla Mayor y reforzará la función de la iglesia de San Lorenzo como un espacio cultural activo y un referente del patrimonio histórico ubetense. El proyecto final pretende evidenciar la continuidad del edificio en el tiempo, mostrando cómo la creatividad y los diversos usos han construido una identidad propia que debe ser transmitida a las generaciones futuras.

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