Con respecto a la distribución actual de la población activa, de los casi 3,5 mil millones de personas que trabajan, el 25% está dedicado a la agricultura, 24% a industria, y el restante 51% al sector servicios, pero para 2100, se espera que para la agricultura no se destine ni tan siquiera el 15% del total de población activa, mientras que el sector servicios se verá favorecido con un ascenso que lo llevará al 60%, la industria seguirá en el orden del 25%, en Europa a la agricultura se dedicará tan solo el 2,5% de la población activa. 

La superficie de la tierra es de 510 millones de kilómetros cuadrados, de estos es tierra firme el 29%, es decir 149 millones de km cuadrados, el resto, 71% son mares y océanos. De esta superficie, terreno improductivo es el 29%, pastos el 23%, bosques el 34%, construcciones el 3%, y el resto, 11%, es decir 15,2 millones de kilómetros cuadrados de superficie es tierra cultivable, o lo que es lo mismo, el 3% del total de la superficie de la tierra, tan solo es tierra cultivable, y de dicha área, el 75% es tierra cultivada. El cultivo permanente supone el 10% de la tierra cultivable y el resto, es terreno destinado a cultivo de temporada o alternante. Dentro del cultivo permanente tenemos diversos modos de agricultura, aquella representada por plantas de la misma naturaleza que el esparto, ocupando el 50% de la superficie, y el resto, casi 73 millones de hectáreas, sería cultivo leñoso permanente, es decir, arboles. 

La tierra cultivada de regadío en el planeta supone el 20% del total de la misma, mientras que la de secano, alcanza la cota del 80%. 

A estas premisas iniciales, hay que sumar que los cultivos leñosos son, de media, 4 veces más rentables que los cultivos de temporada, y si son de regadío, dicho múltiplo podría hasta suponer hasta las 10 veces, todo ello ha hecho que durante los últimos 25 años el cultivo leñoso haya crecido más de un 30 por ciento, habiéndose igualmente tecnificado, sofisticado, e intensificado, teniendo un papel fundamental, dependiendo de la zona de influencia climatológica, orografía de la tierra, etc. la palma, el olivo, el cafeto, el viñedo, almendro, pistachero, aguacate, frutos rojos, etc. 

Otro factor importante, es que ha habido una transformación en el perfil del agricultor, sofisticándose estos, por conocimiento, innovación, dedicación, formación, experiencia, o naturaleza, apareciendo nuevos agricultores de segunda y tercera generación que se han especializado, family office, e incluso fondos de inversión, que han irrumpido en la agricultura, incrementando la profesionalización del sector, valorizando la tierra, e incrementando la productividad de las explotaciones. 

Todo ello ha hecho que hayan sido objeto de deseo tierras de gran calidad, y a ser posible con agua, en países como Australia, Estados Unidos, Italia, Túnez, Grecia, España y Portugal, entre  otros, y principalmente para destinarlo a la plantación de almendro, u olivar, habiendo ambos leñosos entrado en duelo preferencial durante la última década. 

¿Por qué ha ganado la partida el olivo?

Hoy en día disponer de forma inmediata de planta de olivo en los viveros, dependiendo de la variedad, resulta un ejercicio imposible, mientras que, de almendro, u otros leñosos sí que existe disponibilidad.   

Las razones son las siguientes, por la ausencia de mano de obra, y la mayor rentabilidad, el cultivo leñoso se ha convertido en uno de los objetivos propios de inversores agricultores, o debutantes, pero ello conlleva un elevado rango de mecanización, innovación, y tecnificación, y sin renunciar a las más elevadas cotas de productividad, y por ende de rentabilidad.  

A tal fin, un cultivo leñoso exige que este sea lo más eficiente posible, y la eficiencia es en agricultura sinónimo de intensificación, por lo tanto, cuanto mayor sea el número de plantas por hectárea, (con un límite por supuesto), más elevada sería la producción, circunstancia esta sobradamente constatada y contrastada, de ambos leñosos, el único que tolera de forma sostenida plantaciones con hasta 2.000 plantas es el olivar, pues la diversidad varietal, por supuesto aun mejorable, y con  un  amplio camino para la innovación, es apta para poder gestionar de forma eficiente, eficaz, y sencilla la masa vegetal y el vigor del olivo durante décadas, dicha situación aún no está de forma plena conseguida en almendicultura, sin referirnos,  ni entrar en detalle en las necesidades hídricas.  

Si nos referimos a la disponibilidad de soluciones optimas en la recolección de este tipo de cultivo, en el ámbito de la olivicultura la aptitud es plena, las recolectoras cabalgantes realizan esta tarea de forma especialmente adecuada, en el ámbito de la almendicultura la situación dista comparativamente con la del cultivo del olivo. 

Y por último, la industria de transformación es vital dentro del proceso, y en  cierta medida de esta depende un mayor o menor grado de eficiencia, optimización, y obtención  de renta neta, del mismo modo, para el contexto que representa la olivicultura moderna, esta situación se encuentra plenamente resuelta por las condiciones, características, y prestaciones de la maquinaria albergada en las almazaras, para el caso de la almendricultura, la agroindustria de transformación, aunque muy desarrollada, aun no lo está de forma plena, y ostenta amplias posibilidades de mejora. 

Por lo tanto, y tan solo comparado con la vitivinicultura moderna, la olivicultura en seto es una actividad cuyo ámbito varietal, aunque mejorable en determinados términos,  se encuentra plenamente resuelto, las soluciones para recolección son eficientes y eficaces, sin lugar a dudas, y la industria de transformación dedicada a la extracción de los aceites de oliva rebosan una  tecnología que sin lugar a dudas las hace  industrias de vanguardia, y ello ha  hecho, de forma coyuntural, que los agricultores se decanten más por la olivicultura en detrimento de la almendricultura, aunque en un  entorno tan  turbulento como en  el que vivimos, todo ello es susceptible de cambio,  lo que ha hecho que cada vez más, el cultivo leñoso se caracterice por ser menos permanente.   

Juan Vilar